(En Nueva República) Los pasados días hemos tenido un enriquecedor intercambio de opiniones sobre la situacional internacional y nacional, por la crisis abierta con la pandemia del Coronavirus. Debemos reconocer autocríticamente, que no fuimos capaces de calibrar las profundas ondas de choque que esta pandemia iba a gatillar en el Perú y a nivel global. Habíamos advertido que una crisis sistémica global estaba ya en curso, sobre todo luego de la crisis financiera del 2008, que se estaban produciendo grandes cambios sociales y geopolíticos que estaban rediseñando un nuevo orden mundial. La epidemia del Coronavirus ha acelerado este proceso a un ritmo vertiginoso, donde cada día cuenta como meses, y cada mes, como años. Ingresamos a una nueva fase de la situación nacional e internacional de consecuencias destructivas impredecibles y que van a marcar los años por venir. No estamos ante una crisis pasajera de la que saldremos en los próximos 6 meses. Luego de la primera fase marcada por la lucha por derrotar y controlar esta pandemia, que a la fecha no tiene un horizonte final definido, vendrá la segunda fasºe de la crisis económica, en donde según los expertos nos debatiremos entre una “Gran Recesión” o una “Gran depresión”. Por ahora no podemos adelantar más predicciones porque de la duración de la primera fase sanitaria de la crisis, dependerá la profundidad de la segunda.

Ingresamos en un momento “schmittiano” de la política marcada por el “estado de excepción” que se convertirá en la norma para manejar esta crisis y sus consecuencias económicas y sociales, no sólo en el Perú, sino en muchos países del mundo. Esto significa que la crisis de régimen que nosotros poníamos por delante en nuestros análisis de la situación nacional empieza a ser resuelto desde las alturas en estrechos círculos de burócratas y tecnócratas, sin ninguna participación de la ciudadanía. Por ello la importancia de entender el cambio radical que se ha producido en la vida política y corregir nuestra política frente a esta nueva situación.

Contrariamente a lecturas apocalípticas de consecuencias políticas ultraizquierdistas, el coronavirus no genera revoluciones y un horizonte socialista a la vuelta de la esquina. Las crisis crean condiciones de posibilidad de grandes cambios, pero no hay un “espíritu de la historia” que nos guiará a un futuro mejor. Si no hay organizaciones políticas organizadas para articular fuerzas y liderar un proceso de cambio, las crisis, por el contrario, propician salidas autoritarias y represivas como las que vivió la humanidad en los años 30 del siglo pasado. Lamentablemente ante la gravedad e inmensidad de la crisis desatada por el Coronavirus, esta será la salida preferida por las elites dominantes, para tratar de imponer desde las alturas, políticas gatopardistas, que cambiarán algunas cosas, pero mantendrán las desigualdades sociales y nuestra relación destructiva con la naturaleza.

Estas salidas autoritarias, están ya en curso, como podemos observar en Hungría y en nuestro vecino país hermano del Brasil. Cuando luego del golpe interno en donde los militares han tomado control del gobierno dejando a Bolsonaro como “Reina Loca”, se amenaza con ilegalizar al PT, recuerdo con gran inquietud, como el KPD (el partido comunista alemán) el partido comunista más grande en Europa Occidental en los años 1930, que había obtenido 5 millones 282 mil votos en las elecciones de noviembre de 1932 y que tenía 360 000 militantes (en el sentido leninista de la palabra), se derrumbó como un castillo de naipes al día siguiente de ser declarado ilegal cuando Hitler asumió el poder en enero de 1933.

Esta es la dimensión de los profundos cambios históricos que se están produciendo y que se van a profundizar en las semanas y meses que vienen. Tenemos pues que tomar bien el pulso de los acelerados cambios que se están produciendo para rectificar rumbos, reordenar y reorganizar nuestras débiles fuerzas para evitar ser avasallados y marginados por una salida autoritaria a esta crisis en nuestro país.

Algunos cc. se han asustado un poco de mi propuesta de levantar un programa de Unidad Nacional, interpretándolo como una política de seguidismo y apoyo crítico al gobierno Vizcarra, de ponernos en actitud de “consejero de príncipes”, un error que caracterizó a nuestras fuerzas de izquierda en el pasado. No se trata de eso compañeros, se trata de disputarle a Vizcarra y a los sectores conservadores la bandera de la Unidad Nacional, de aparecer a la vanguardia de la lucha por los intereses de las mayorías nacionales en sus urgentes reclamos de salud, pan y trabajo. Debemos aparecer convocando un diálogo nacional sobre las propuestas a la reactivación económica e impedir que se siga manejando en los estrechos círculos de tecnócratas y “expertos”. Para parafrasear a Clemenceau: “la economía es demasiado importante para dejarlas en manos de los economistas tecnócratas”.

Nosotros no debemos temer hacer un llamado a la unidad nacional para enfrentar la pandemia del Covid19 y las terribles consecuencias de la depresión económica mundial que se avecinan. Debemos aparecer como los primeros abanderados de la salvaguarda de los intereses de las mayorías populares y de la integridad de la nación. No debemos dejar que Vizcarra y los sectores conservadores nos quiten esta bandera y por ello la necesidad de proponer un amplio debate entre las fuerzas de izquierda y otras fuerzas democráticas y nacionalistas para consensuar un programa de reactivación nacional que tome verdaderamente como norte regulador la defensa del bienestar de las mayorías nacionales.

La crisis son los momentos por excelencia de las vanguardias, en donde fuerzas políticas minoritarias pueden crecer de manera exponencial como lo ha hecho el Coronavirus, pero tenemos que acertar en nuestra orientación política y demostrar en la práctica, que lo que nos motiva en la política no son nuestros intereses personales, ni intereses egoístas de nuestras organizaciones, sino los intereses de un mañana mejor para todos los peruanos.

“Por Salud, Pan y Trabajo: derrotemos unidos al Coronavirus”.

Foro por una Nueva República

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