Colectivo del Foro por una Nueva República

El Foro por una Nueva República ha nacido con el objetivo de articular los problemas cotidianos, hoy problemas sanitarios y de sobrevivencia, con nuestros problemas estructurales, para levantar no sólo soluciones inmediatas que satisfagan el día a día, sino cambios de fondo que nos pongan en otro camino de democratización del Perú.

Sin embargo, la pregunta que más hemos escuchado en los cinco foros macro regionales (Lima, sur, centro, norte y oriente) que hemos realizado en los últimos dos meses ha sido: ¿cómo vamos de los problemas inmediatos a las soluciones de fondo, de los reclamos de la gente a una Nueva República? El primer paso es poner en la agenda política regional y nacional la necesidad de establecer esta relación.  En otras palabras, hay que señalar que la solución de hoy tiene que estar articulada con otro camino para el Perú, porque el camino que hemos recorrido en los últimos 30 años nos ha llevado al fracaso, tal como se demuestra ahora al no poder enfrentar la crisis de la pandemia que pone en riesgo nuestra existencia, la de nuestro país y a la postre la del mundo en que vivimos.

Pero el camino entre el hoy y el futuro que anhelamos es preciso que tenga un nombre, que junte el realismo político indispensable para el empeño con el objetivo al que se aspira, para que así no desviemos la ruta ni perdamos el tiempo con un camino que no queremos. El camino que tiene el hoy y el mañana incluidos se llama proceso constituyente.   

Muchos compañeros e incluso organizaciones políticas cercanas reiteran la necesidad de una asamblea constituyente e incluso de una nueva constitución, y no podemos estar más de acuerdo con ellos, hay necesidad de una nueva carta magna y de un órgano soberano que la elabore. Sin embargo, ambas son cuestiones de extraordinaria magnitud para las cuales se va a necesitar una gran mayoría política. Por ello, hay necesidad de debatir, persuadir y sumar voluntades diferentes que, para empezar, estén de acuerdo en un cambio democrático de las proporciones que señalamos.

Por lo mismo hablamos de un proceso, pero no de cualquier proceso sino de uno constituyente. Nos referimos con ello al regreso al pueblo soberano, el origen del poder democrático, para que este, reunido a través de sus representantes elegidos con ese fin específico, elabore una carta que plasme un nuevo acuerdo entre los peruanos. Se trata de un proceso entonces para que el pueblo peruano decida las bases de su futuro como sociedad y como país.

Este proceso tiene su comienzo en la puesta en agenda de su necesidad. Por ahora, no es que sea ignorado. La derecha, en especial sus sectores más reaccionarios, lo han traído a colación, pero para denigrarlo, poniendo una vez más las cosas al revés. Ellos señalan que nos queremos traer abajo la constitución de 1993, que habría permitido crear riqueza como nunca se había hecho y también traer progreso y bienestar al Perú. La verdad, lo sabemos y lo sentimos, es que esa gran creación de riqueza ha sido sólo para un pequeño grupo de la población, dejando abandonada, como lo hemos visto con motivo de la pandemia, a la gran mayoría de compatriotas. La constitución de 1993, que debemos cambiar, es justamente la que establece los preceptos de esa desigualdad y sacraliza la dictadura de los grandes propietarios. Pero la virulencia de la respuesta en las últimas semanas, llegando al extremo de pretender cambiar nuestra memoria histórica al calumniar al gran luchador social Hugo Blanco, hace ver que sienten su dominación cuestionada.

Hay que enfrentar esta pretensión reaccionaria poniendo las cosas sobre sus pies. Esto significa hacer una propuesta de debate nacional sobre la necesidad de una nueva constitución y los instrumentos que el pueblo soberano tiene para expresarse. Asimismo, poner este debate en el contexto histórico del Bicentenario, para evaluar a partir de nuestra experiencia el papel de la forma republicana que hemos tenido y sus sucesivos y fallidos intentos de reorganización como república democrática.  Tenemos poco tiempo, quizás de aquí a fin de año, el momento en que se define la agenda de las elecciones generales de 2021. Si para entonces logramos articular las crisis que vivimos con un destino de transformación y tenemos una candidatura y un programa común que logre encarnar la necesidad de un viraje, habremos dado un salto mayor para forjar una mayoría nacional y por supuesto para llevar al  Perú a un destino mejor.

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