José David Ugarte Boluarte (*)

La semana pasada, exactamente el 29 de junio del 2020, escribí en Qosqo Times el artículo “Hugo Blanco, una vida sellada en la historia”. Pero en este mismo número de nuestro semanario, se escribe el artículo “Reescribir la Historia” del abogado y militante aprista José Antonio Olivares, que, sin asidero histórico, sin recoger los aportes académicos termina siendo un análisis meramente subjetivo y con datos errados desde una perspectiva que consideramos negacionista de la historia. Daremos respuesta a lo señalado en este artículo, en el marco de la campaña macartista contra un film realizado sobre la vida de Hugo Blanco y la acusación de que la izquierda peruana quiere cambiar, maquillar los sucesos históricos del Perú a su favor.

Para ello, apelamos a cuatro trabajos de investigación, que desde de distintas miradas políticas y académicas abordan la reforma agraria en el Cusco y el rol de Hugo Blanco. En primer lugar, utilizaremos el trabajo del historiador y periodista Hugo Neira “Cusco: Tierra o Muerte” (De la Editorial Herética, 2008, reeditado después de 44 años) quien fue Director de la Biblioteca Nacional en el segundo gobierno aprista; el segundo lugar el trabajo del antropólogo y profesor de la Universidad de Yale Enrique Mayer, “Cuentos Feos de la Reforma Agraria” (IEP y Cepes 2009), el tercer trabajo que utilizaremos es el estudio del historiador de carácter universal Eric Hobsbawm, ex profesor de la Universidad Stanford entre otras grandes universidades de EEUU e Inglaterra, recogido en su libro “Rebeldes Primitivos”, sobre el Movimiento Campesino en el Perú escrito al poco tiempo de producidas las movilizaciones campesinas que cambiarían la suerte que le había designado la colonia a nuestros hermanos del campo. Finalmente, consideraré el artículo del politólogo Alberto Vergara “Cuentos incompletos de la reforma agraria”. Utilizando estas investigaciones académicas buscaremos responder el artículo de Olivares.

Olivares señala sobre el documental “Hugo Blanco rio profundo”, que no se puede permitir que el gobierno peruano abra y dé presupuesto a películas que buscan reescribir la historia. Sin embargo, creemos que él desconoce la historia y los trabajos elaborados desde diversas disciplinas y corrientes académicas, entre historiadores, antropólogos, periodistas, sociólogos, economistas que trabajaron lo que se considera el proceso más democratizador de la historia del Perú en los últimos 500 años. La virtud del documental  es más bien su minuciosidad y rigurosidad en un guion basado en los estudios más importantes sobre la Reforma Agraria. Sus acusaciones buscan envenenar la historia, porque este documental es una astilla a los ojos conservadores. Este ataque de los sectores conservadores se debe al temor que hoy sienten por el fracaso del modelo neoliberal en el país, que la crisis provocada por la pandemia ha puesto en evidencia sus límites estructurales que han generado fraccionamiento, desigualdades enormes y mayor inequidad en nuestro país.

Olivares toma como dato bibliográfico el artículo del abogado y dirigente aprista Darwin Urquizo, “Hugo Blanco mi elogio, mi censura” publicado también en Qosqo Times (edición del 22/06/20), recogiendo dos puntos que el articulista señala como importantes:

En primer lugar, que la rebelión de Blanco fue ante un gobierno democrático que quería cambiar este país injusto, pero la democracia dice, siempre es lenta. La reforma agraria ya se promovía, aunque de manera lenta, se estaba dando a discutir. La rebelión de Blanco y las luchas por la reforma agraria no fue pues una rebelión contra una dictadura opresora, sino contra un gobierno elegido democráticamente y con planes reformistas. Y que más bien, el demócrata Belaunde tuvo que lidiar con subversiones marxistas auspiciadas por Cuba, en muchos casos, similares a las que tuvo que enfrentar en su segundo gobierno, producto del “fanatismo marxista”.

En este primer punto, Olivares y Urquizo se equivocan absolutamente y sus afirmaciones distan de la verdad y con altas dosis de fiebre: Lo que nos dicen los hechos históricos es que la Junta Militar liderada por el General Ricardo Pérez Godoy gobernó desde 18 de julio de 1962 al 03 de marzo de 1963, en el cual se produjo la primera ley de reforma agraria otorgándole las tierras a los campesinos de la provincia de La Convención producto de la presión y levantamiento de los campesinos por la recuperación de tierras como ellos llamaban. El 03 de marzo de 1963 Nicolás Eduardo Lindley López lidera la segunda Junta Militar de Gobierno que dura hasta el 28 de julio de 1963. Hugo Blanco es detenido el 30 de mayo de 1963, en ese momento no estaba en el poder Fernando Belaunde, este ingresa a su primer mandato el 28 de julio de 1963. El levantamiento de 1964 y 1965 es encabezado por dirigentes indígenas como Saturnino Huillca. El Historiador Hugo Neira en su libro “Cusco: Tierra y muerte” señala que fue un levantamiento genuino de los indios, hartos del abuso y opresión de los hacendados.

Autores como Hobsbawn señalan que es el Apra aliada con las fuerzas del dictador Manuel Odría, quien se opone en el senado al proyecto de ley con el que Belaunde iba a cumplir sus ofrecimientos de campaña ante el pueblo peruano, sobre todo andino, la tan prometida Ley de Reforma Agraria (Hobsbawm, p. 292). La miopía y miseria política del Apra evitaron que la reforma agraria sea consumada, efectuada dentro del marco democrático.

Vergara en su Artículo “Cuentos Incompletos de la Reforma Agraria” señala que, en la campaña de los años 1962 y1963, Fernando Belaunde prometió pueblo por pueblo, una profunda reforma agraria. Una vez en el poder fue incapaz de ponerla en práctica, pues el APRA y los parlamentarios del viejo dictador Odría se opusieron tenazmente, es más concluye Vergara el artículo, señalando que la intransigencia de un grupo económico poderoso no quiso hacer por las buenas la anhelada reforma. (Vergara, Revista Poder, p. 46). Esta alianza con el odriismo y las élites económicas peruanas terminó por encaminar a que la Reforma Agraria se tuviera que hacer en el marco de un gobierno dictatorial. Entonces ¿Quién no dejo gobernar al gobierno democrático de Belaunde? ¿Quiénes evitaron que la Reforma Agraria se de en los marcos democráticos?

Y finalmente Hobsbawn, Vergara, Mayer y Neira coinciden en que el proceso de levantamiento de los primeros movimientos campesinos y posterior reforma agraria fue largo, nace por la década del treinta del siglo pasado como respuesta de los sectores campesinos a la explotación, abuso y violaciones a sus derechos por parte del hacendado y el sistema semi feudal.

Entre 1956 a 1958 ocho sindicatos conformaban la Federación Campesina del Cusco, llegando este movimiento a tener más de 2 millones de personas y 1500 sindicatos a nivel nacional. Esto muestra la gran fuerza de la exigencia de lograr una reforma agraria, lo que la clase política no pudo resolver, y fueron finalmente los gobiernos militares los que promulgarían las dos leyes de reforma, seguramente para evitar un desborde político y social. Belaunde aprueba en el segundo año de su primer gobierno la Ley 15037, una mediatizada Reforma Agraria. De acuerdo con Matos Mar: “la ley no significó una auténtica transformación de la estructura agraria, sino una medida política de concesión frente a la enorme presión campesina que se dejaba sentir a nivel nacional”.

El segundo punto, se refiere a la afirmación de Olivares que coincide con el artículo de Urquizo: “Hugo Blanco no era un demócrata, era un marxista trotskista. Si su sueño revolucionario hubiera triunfado, el país hubiese vivido en un régimen dictatorial como eran los gobiernos socialistas de entonces y de hoy en nombre del «bien común». La intransigencia hacia la democracia que ellos consideran burguesa es dogmática. El Perú no se habría liberalizado, al contrario, se hubiesen matado a opositores y cualquier vestigio de discrepancia. Eran las cosas así. Inclusive, Hugo Blanco critica a Abimael Guzmán no por entablar esa estúpida «revolución», sino por su rendición y su mandato de guardar las armas. Hace poco, en la entrevista que le hacen cuando apoyaba a Verónika Mendoza en las elecciones del 2016 él dice esto literalmente: «Yo no creo que la solución sea electoral».

Hugo Blanco era un dirigente agrario sindical de ideología marxista, trotskista, que lidero los movimientos campesinos en la provincia de La Convención, él no fue un guerrillero como sí lo fue el líder del Movimiento de Izquierda Revolucionaria-MIR Luis de la Puente Uceda, quien provenía de una fracción política secesionista del APRA. Hugo Blanco siempre negó ser un guerrillero, en un momento hubo contradicciones entre sindicatos, al principio pequeños sindicatos específicamente de Huyro apoyaron a Luis De la Puente Uceda, Blanco y los dirigentes campesinos apostaron por formar las Unidades de Autodefensa. Es evidente que el éxito de la huelga de los arrendires en 1961y 1962 no tuvo objetivos revolucionarios (Hobsbawm, p.289). Además, cuando se levanta De la Puente Uceda no tuvo el apoyo de los campesinos convencianos, es uno de sus puntos importantes de su derrota y posterior muerte.

Neira señala que su libro “Cusco: Tierra o Muerte” salva de la pena de muerte a Hugo Blanco, porque mediante las investigaciones hechas, se demuestra que él no estuvo presente en las tomas de tierras, y esa fue su defensa ante el fiscal. A Hugo Blanco, lo tratan de antidemocrático, siendo una falsedad grande, una calumnia. Él fue, repito, aprisionado por levantar los movimientos campesinos en La Convención, pero al regreso de su deportación, siempre estuvo en el camino democrático, fue Diputado Constituyente del 28 de julio de 1978-28 de julio de 1980, fue diputado del Congreso de la Republica del 26 de julio de 1980-26 de julio de 1985, Senador de la República del Perú, 26 de julio de 1990-5 de abril de 1992 hasta el golpe de estado del dictador Fujimori, el hoy aliado del Apra. Finalmente fue candidato al Parlamento Andino el 2006 por el partido Socialista. Esa falsa y fácil calumnia que busca definir a todo socialista como dictador, “terruco” o totalitario no es más que terrorismo ideológico.

Termino el artículo señalando que negar la historia como instrumento de las ciencias sociales muestra mucha arrogancia, es un negacionismo producto de una oposición sin recursos académicos, políticos. A Olivares le recomendaría entrar al debate académico, político y no especulativo, por ello fui tentado a responder su artículo ante tanto oscurantismo.

*Publicado originalmente en el semanario cusqueño Qosqo Times

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